No tiene sentido seguir esperando la felicidad, cuando sabes que ya no la vas encontrar. Porque ya no disfruto ni de los grandes ni pequeños detalles. Ni siquiera siento, simplemente vivo, o mejor dicho sobrevivo.
Por más que intente seguir hacia delante con todas mis fuerzas, siempre hay algo o alguien que termina haciéndome tocar fondo.
Es hora de pasar página, de darme cuenta que mis sueños nunca se cumplirán. Y que no tiene sentido poner todo mi empeño en algo que luego no va a servir de nada. Porque durante toda mi vida me he estado alimentando de falsas ilusiones, que luego todas volvían a caerse por su propio peso. Solía pensar que solo se trataban de malos días aislados, que me había levantado con el pie izquierdo y no más. Pero últimamente esos “es un mal día” se han convertido en habituales. Y ya no existe nada, al menos por ahora, que pueda darme fuerzas y haga encontrarme de nuevo conmigo misma.
Es como si estuviera en una cuerda floja, yo intento avanzar todo y más, pero hay algo que siempre me lo impide. Cuando menos te lo esperas, te vuelves a caer, y cada vez, es más dura la caída. Hasta que un día ya no te queden ni ganas de volverte a levantar, todos tus esfuerzos han sido ya agotados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario